Este fue al menos un año extraño, sin precedentes, casi sin libertad. Nosotros que nos creíamos tan modernos, tecnológicos, del futuro, y un pequeño virus nos ha mantenido en cuarentena, aislados, con miedo e indefensos.
Todo se detuvo y, por algunos meses salir a las calles sin tránsito parecian escenas de una película de ciencia ficción. Incluso, más de una vez sentí que estábamos en una pesadilla, y que todo esto no era real.
El COVID19, nos hizo darnos cuenta de nuestra realidad tan humana, simple, permeable, y que aunque los más jóvenes estan convencidos de que somos inmortales, les doy la mala noticia que no es así.
En fin, nos encerramos en nuestra casas, nos reunimos con la familia más cercana, y en muchos casos convivimos 24/7 con personas que veíamos un rato por la mañana, y a veces a comer por las noches, y tuvimos que aprender a compartir y disfrutar de las cosas más simples de la vida.
Cocinar, remodelar, manualidades, los entrenamientos por YouTube, los Zoom, las clases online de los más diversos temas, el teletrabajo, se volvieron cosas habituales, y que seguramente llegaron para quedarse. Por otro lado, tuvimos que eliminar de raíz los abrazos, los besos, las salidas a tomar café, o a conversar con los amigos. Ir al supermercado o a la farmacia se convirtieron en verdaderas aventuras, donde había que pedir un permiso, y equiparse con mascarillas, alcohol gel, toallitas desinfectantes, y hacer un plan para aprovechar el tiempo al máximo.
Pero vinieron días mejores, y pudimos volver a las canchas, disfrutar del golf y reencontrarnos con nuestros amigos, y sentirnos en un ambiente seguro, experimentando esa libertad que perdimos tan rápido y que a ratos volvimos a recuperar.
Pese a todo lo que ha pasado somos muy afortunados. Si tuvimos problemas o apreturas, parecen muy pequeñas comparadas con las que han vivido un porcentaje importante de chilenos, o en otras partes del mundo. En el camino supimos de algunos de nuestros amigos se contagiaron y lo pudieron superar, mientras a otros los afectó con más fuerza y los perdimos.
Tratando de encontrarle el lado positivo a la pandemia, pudimos compartir un tiempo precioso con nuestros hijos, conocerlos en otra etapa de sus vidas; a valorar los verdaderos lujos de la vida como la amistad, los seres queridos, reunirse, abrazarse. Este no fue un tiempo perdido, sino que lo aprovechamos de otra forma.
Todavía no estamos a salvo, por lo que tenemos que cuidarnos y cuidar a todos quienes nos rodean, seguir usando mascarillas, lavarnos las manos, vacunarnos ya que sólo así podremos recuperar lentamente nuestros grados de libertad -dentro del Plan Paso a Paso- y poder así disfrutar del Golf.