Hoy tengo mucha pena, porque nos dejó Isidoro Valencia, el “Choto”, luego de una larga lucha contra el cáncer.
Para quienes no lo conocieron, les cuento que el fue el profesor de golf de varias generaciones en Granadilla, entre las que me encuentro yo y todas mis hermanas, las Carvajal, las Helena, Cristián Caballero y todas sus hermanas, los Massai, los Benavente, la Nicole Perrot, la Ale Shaw, los Bofill, los García, las Montt, los Lobo, en fin, como ven familias enteras.
Estoy hablando de una época donde la enseñanza del golf era bastante autodidacta e intuitiva, donde no habían coaches de full swing, o de approach, o de put, o preparador físico, o psicólogo deportivo, sólo el profe, una bolsa de pelotas y horas en la práctica. Nada de tecnología, ni trackman, ni videos, y, sin embargo, eso no impidió que de ese grupo salieran grandes jugadores, que representaron a Chile en muchas oportunidades, y que incluso llegaron hasta las grandes ligas internacionales como lo hizo la Nicole y sus triunfos en el LPGA.
En mi caso, el Choto me enseñó a jugar y luego me entrenó por muchos años. Me acuerdo de esos días de vacaciones de invierno, con lluvia, practicando debajo de los pinos del hoyo 10 en Viña; o practicando approach entre los greens del 12 y del 18, muertos de frio y con la cara mojada de tanta humedad, condiciones muy distintas a las que se enfrentan hoy nuestros jugadores. El no solo nos enseño a jugar, sino que nos forjó el carácter y nos transmitió esa garra que hay que tener para nunca dar por perdido un match, aprendizaje que en mi caso me ha servido toda la vida.
Choto, tu no te vas a ningún lado, porque estamos seguros que seguirás caminando por los fairways de Granadilla, y que cada vez que vayamos a jugar sentiremos tu presencia. Gracias por tenernos paciencia y por enseñarnos este deporte que amamos tanto. Nunca te olvidaremos.