Rodeado de familiares, alumnos y colegas de profesión, Enrique Orellana fue homenajeado en Santiago, donde se organizó un torneo de golf en su honor, en el Club Médico, en la comuna de Lo Barnechea.
De gesto adusto pero cercano a sus partners, ‘Kiko’ recibió el afecto de los 36 participantes de su torneo: “Es muy emocionante, es la primera vez que se hace un torneo con mi nombre. Estoy muy feliz”, dijo el profesional chileno, famoso por haber sido el primer jugador nuestro país en disputar el Masters de Augusta.

A sus 88 años, Orellana conserva intactos sus recuerdos: “Augusta es el campo de golf más impresionante en el que alguna vez estuve, es un jardín impecable”. Corría el año 1964, y en la primavera, el chileno integró un field reservado para 70 jugadores, los mejores de la época. “Yo acababa de ganar el Abierto de Chile por segunda vez (1960 y 1963), y el presidente de esa época me dijo que me iba a conseguir una invitación para el Masters, y así fue”.
Pero al maestro no le bastó con llegar a Augusta National. Quedó subcampeón del Torneo de Pares 3, que se juega un día antes de la larga oficial del campeonato, y eso le mereció un reconocimiento del club: “Yo había estado en el pro-shop y quería comprar unos platos de recuerdo, pero eran muy caros, a 50 dólares. Y cuando quedé segundo en el Torneo de Pares 3, los organizadores me dieron a escoger entre un juego de te o los platos… Escogí los platos, ahí me ahorré 100 dólares”, contó entre risas.

Orellana dominó la escena del golf nacional en la década de los sesentas, lo que le permitió clasificar diez veces a la Copa Mundial de Golf en representación de Chile, jugando en países como Japón, México, Australia, Irlanda, Italia, Francia, España y Argentina, protagonizando intensos partidos contra estrellas de la época como los estadounidenses Jack Nicklaus y Arnold Palmer, y el sudafricano Gary Player.
Su extenso palmarés incluye una importante victoria en el Torneo de Maestros de Argentina de 1961, donde logró el récord del campeonato. Con el tiempo lo buscaron para que trabajara en ese país y luego en República Dominicana, lugares en los que también dejó su huella.
Aplaudido por la concurrencia, Orellana esquivó dar un discurso, invadido por las lágrimas de emoción. La Federación Chilena de Golf, representada por su vicepresidenta Desirée Soulodre, se unió al homenaje entregándole un merecido reconocimiento y exaltando su legado.

Este homenaje, organizado por Birdie Club y Ñuñoa Golf, donde actualmente dedica sus días a la enseñanza, permitió que los más jóvenes se enteraran de la extensa trayectoria de ‘Kiko’, y a los más grandes, recordar las proezas de uno de los más laureados profesionales de golf de nuestro país.