La semana pasada tuve nuevamente el honor de representar a Chile como delegada del equipo juvenil que participó en el 52 Sudamericano en Nordelta, Argentina. Un lugar espectacular, una cancha de lujo y muy difícil, un field de primer nivel con los mejores jugadores menores de 18 años de esta parte del mundo, en fin, el marco perfecto para ver el mejor golf amateur.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención no fue eso, sino que el reencuentro con amigos de todas las edades, el compañerismo, la sensación de equipo, la sana competencia, el fair play. Estas que siempre parecen palabras de buena crianza, en un torneo como este se ven en la realidad.
Los niños están ansiosos por juntarse con sus amigos de otros países, cosa que se repite con los coaches y delegados, hasta los padres se reencuentran con sus pares. Estas son amistades que duran para toda la vida, por lo que enviar a nuestros niños a estas instancias son la mejor herencia que les podemos dejar, y que más allá de competir hasta el último golpe, es esta experiencia de vida lo más importante en estas competencias.
Yo misma me reencuentro con amistades de juventud, esta vez con el coach de Brasil con quien jugué un juvenil en Barquisimeto en 1985, los mismos niños, pero apenas 34 años después.