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Alan Lüer
“Si uno quiere, puede”
Foto por: Chilegolf

Ingeniero agrónomo, padre de tres hijos y fanático del golf, Alan Lüer es un ejemplo deportivo. En su juventud destacó en varios deportes, incluyendo el rugby. A los 27 años, cuando estaba recién formando su familia, sufrió un infarto a la médula espinal, que lo dejó con una discapacidad principalmente en sus piernas. A pesar de esa limitación, se inició en el golf. Hoy es inspiración para otras personas con algún tipo de discapacidad. Gracias a su equipo ParaGolfer, una silla de ruedas eléctrica especial, logra realizar todas las maniobras necesarias para practicar esta disciplina. Su rutina se concentra entre el C.G. Sport Francés o el C.G. Las Araucarias de Buin para disfrutar, junto a su mujer y amigos, de los beneficios que otorga la práctica del golf.

Yo quedé discapacitado hace 30 años, por una malformación arteriovenosa que, en el fondo, es un infarto a la médula espinal. Eso me dejó con secuelas en las piernas: camino con bastones, pero con dificultad. Era súper deportista, practicaba deportes como squash, racketball e incluso rugby, donde llegué a ser seleccionado juvenil. 

Estaba recién casado y con un hijo recién nacido de tres meses. Fue un impacto en la familia. Me operaron, pero quedé con una secuela importante que pude superar con ganas, porque nunca me di por vencido.  Me fui a Cuba a trabajar con un kinesiólogo por cinco días a la semana, ocho horas diarias. Gracias a este trabajo fantástico, recuperé masa muscular. A Cuba fui con mi madre, que es la persona a la que más me ha costado convencer de que estoy rehabilitado. Uno está rehabilitado cuando se reincorpora a la sociedad y al trabajo.

En mi familia y la de mi mujer varios practican golf. Entonces, mi cuñada Eugenia-hermana de mi mujer Madeleine- tuvo la idea de que pueda sumarme a practicar este deporte. Ahí partió mi hobby, mi fanatismo por el golf. Es importante también que uno pueda hacer una actividad con su pareja. A ella le regalé palos y le di el primer impulso para que jugara y ahora jugamos con un grupo de matrimonios.

Primero me traje un carrito que me permitía jugar, pero no podía entrar a los greens. Entonces le pegaba en el borde y así estuve varios años. Hasta que Loreto Santa Cruz, junto a Felipe Aguilar, en uno de sus viajes vieron en Estados Unidos a un discapacitado que usaba este equipo de golf. Me lo contaron y eso me hizo un click.

El equipo se llama Paragolfer y te permite suplir tus piernas. Es como una silla de ruedas eléctrica, con la ventaja de que puedes ponerte de pie sin dificultad. Además, tiene un espacio habilitado para poner los palos y eso me cambió la vida. Creo que soy el único en Chile con este equipo. Fue todo un desafío usarlo, porque la gente lo desconoce y todo lo desconocido genera temores.

Al principio, me costó demostrar que el carrito no le hace nada a las canchas. Ahora juego en casi todas las canchas de golf con este equipo desde hace unos 18 años. Evito canchas que son especialmente difíciles por su geografía, pero puedo jugar en el más de 90% de las ellas.  Fui por cinco años capitán senior en el Club de Golf Las Araucarias y logramos jugar varios interclubes.

No todo es perfecto. He tenido problemas con la batería y otros implementos del equipo. A veces dependo de un problema mecánico y ahí se sufre.  Pero mi gran amigo y excelente golfista Patricio De la Cuadra, quien es fanático de la mecánica, me ha ayudado mucho con el servicio técnico.

Debido a la dificultad de no poder contar siempre con caddies para salir a jugar, aprendí a hacerlo solo, ya que el equipo lo permite. También, por ejemplo, si la pelota cae en los bunkers, tengo el permiso de poder liberarme de zonas donde no puedo entrar con mi carro. Si caigo en la arena, lo que hago es que saco la bola, con ayuda de los amigos que me acompañan, y le pego detrás de los bunkers. Si hay riesgo de que el equipo pueda caer al agua o zonas complicadas, estoy autorizado para mover la pelota y pegarle de un lugar seguro. No juego para ser profesional, sino para entretenerme con los amigos!

Hay gente que se me acerca cuando me ven con mi carro, para decirme que tienen un amigo o pariente con discapacidad y que perfectamente podrían practicar este deporte.

No conozco otros jugadores que usen esta tecnología en Chile. Mucha más gente que está en condiciones como la mía perfectamente podría estar jugando golf si conociera esta tecnología. Sólo conozco a dos jugadores en condiciones similares, con el mismo equipo, uno de Argentina y otro de Brasil, que me han invitado incluso a jugar campeonatos en el extranjero.

Mi carro no solo lo uso para hacer deporte, sino que también lo uso profesionalmente. Soy agrónomo, trabajo en Bayer a cargo de proyectos de sustentabilidad y voy a terreno con él.

Mi consejo para las personas con discapacidad es que tienen que creer en que podrán hacerlo. Si uno quiere, puede. Desde que tuve este accidente, siempre dije de esta voy a salir”. No hay que quedarse en la dificultad. Uno tiene que ver dentro de sus limitaciones lo que puede hacer. Estos implementos no son baratos, por eso este tipo de tecnología debiera tener subsidio para que más gente con menos recursos pueda acceder. En Estados Unidos, por ejemplo, hay una fundación que financia el 50 por ciento del valor de estos aparatos.

Incluso con hemiplejia se puede usar este carrito e incluso jugar con una sola mano. El carrito da el sustento para que moverse, parase y, con la mano buena, se le puede pegar a la pelota.

Hacer deporte es bueno para el ser humano, en especial para las personas con discapacidad. Lo que no debiera ocurrir es que por una limitación uno no pudiera hacer deporte. No limitarse también está en uno.

Para mí, esto reemplazó todos los otros deportes que no puedo practicar por mi dificultad. Hoy el golf para mi es todo, ha solucionado una parte de mi vida muy importante. La limitación está solo en la mente.

Publicado el 17 de mayo, 2021
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