Sus primeros pasos en el golf los dio en el Principal Club de Pirque, lugar que se transformó en su escuela. Fue en esos pastos, de la mano de su padre, donde nació su sueño de llegar lejos en el golf. Hoy, a sus 24 años, Natalia ha logrado mucho y se enfrenta a la disyuntiva de ir hacia el profesionalismo o dedicarse a formar futuras promesas en este deporte. Por lo pronto, juega en cada torneo que se presenta en el calendario y comparte sus experiencias con niñas que recién están dando sus primeros golpes.
Me enganché desde muy chica con este deporte. Mi papá fue caddie en el Club de Polo, donde aprendió a jugar. Con el tiempo, se hizo socio del Club Principal de Pirque y me llevaba a jugar. Él me enseñó el juego y me ayudó a mejorar el swing. También he tenido un apoyo incondicional de Eduardo Miquel, que ha sido mi coach desde que tenía 14 o 15 años hasta ahora, que es mi jefe.
Empecé a jugar torneos en el club, me fue bien y ahí me motivé más. Después me metí a Golf Action, siendo socia del Club Las Araucarias de Linderos, luego me becaron en el Club de Polo y ése fue el inicio de todo.

Desde chica mi gran inspiración fue Nicole Perrot y hasta el día de hoy sigue siendo un gran referente. También en su momento fue Paz Echeverría, a quien veía siempre practicando.
En su momento, Francisco Lyon, quien fuera Director Ejecutivo de Golf Action, me dio todas las facilidades para entrar a competir primero en el mejor circuito amateur. Cuando necesité palos, Eduardo Miquel siempre estuvo al lado mío dispuesto a ayudarme. También fui becada en el Club de Golf Las Araucarias de Buin, y luego en el Club de Polo de Vitacura.
A mi corta edad, el golf me ha dado lo mejor: la experiencia de viajar, estudiar, practicar todos los días, conocer gente de todas partes del mundo. Nunca pensé que iba a jugaren mundiales y sudamericanos, representando a Chile. Haberme dedicado 100% a este deporte ha sido muy gratificante.

Otro obstáculo con el que me topé fue la distancia para llegar al Club. Pero fui becada en un colegio que me quedaba al lado y finalmente se me abrieron las puertas porque había mucha gente dispuesta a ayudarme. No lograba entender cómo podían ser tan buenos conmigo, eso me ayudó a crecer como persona y a cumplir mis sueños.
Muchas veces tuve que postergar a mis amigos y dejar de salir con ellos para concentrarme de lleno en el golf, que era lo que más me importaba. Fui disciplinada: se carretea una vez al mes y listo. Tengo mi relación de pareja, pero me pongo mis propios límites, porque practicar es lo que tengo que hacer todos los días.
Obtuve una beca para irme a la Universidad en Estados Unidos, que era la mejor oportunidad para llevar mi juego a un siguiente nivel y, al mismo tiempo, sacar una carrera que no hubiera podido conseguir acá en Chile.

Hasta ahora mi mayor logro ha sido participar en mundiales representando a Chile. Eso no tiene comparación a nada. Ser seleccionada de mi país es uno de los mayores honores. He jugado dos mundiales, el primero en México y luego en Irlanda. Ahí pude compartir con jugadoras de nivel mundial que hoy veo jugando en el Ladies PGA Tour. Y lo que más atesoro son mis logros en la Universidad en Estados Unidos, donde gané dos eventos y también hice mi récord personal.
Estuve preparándome para jugar la Copa Los Andes, donde jugaría como local, con nuestra gente, pero quedó stand by por la pandemia. Mi otro reto es poder estar en el próximo mundial amateur, dentro de lo posible.
En cuanto a mis metas, estoy evaluando el futuro. Por mucho tiempo me gustaba la posibilidad de jugar a nivel profesional, pero a medida que he ido avanzando, siento que como coach hay objetivos súper grandes. Estoy con la duda de cómo sería yo siendo jugadora profesional, pero al mismo tiempo me veo mucho como coach. Me motiva tener alumnos que pueda sacar adelante. No cierro la puerta a ser profesional y tampoco a seguir como coach.
Hoy soy parte de la EM Academy, la academia de Eduardo Miquel, por medio de la cual también me desempeño como coach en el programa femenino de la Federación Chilena de Golf. Me tiene súper contenta haber comenzado con las chicas. A ellas les sirve ver que una mujer les de consejos y que las puede ayudar en la cancha. Trabajo en la escuelita de Los Leones y también estoy dando mis primeras clases particulares.

Si bien es difícil motivar a las niñas a que jueguen más, veo que de a poquito vamos teniendo mejores jugadoras. Hay alta proyección de chicas que le ponen mucho empeño y disciplina. Uno las ve con ganas de seguir el mismo camino de irse afuera, jugar y lograr experiencia. Creo que yo les puedo mostrar un poquito de este camino.
Hoy veo que cada vez se promueve más el golf, ya sea por un Joaquín Niemman o un Mito Pereira. Hoy se habla del golf como no se hacía antes. Hay gente que prejuzga este deporte, que hay que tener plata para practicarlo, pero creo que yo he demostrado que no solamente se trata de plata, sino que más bien del talento y la motivación que uno tiene.
El golf es un deporte que enseña muchos valores, enseña hábitos y disciplina. Es un deporte que vale la pena practicar y te abre muchas puertas. Muchos creen que es un deporte fome y lento, pero te pone a prueba. Es como el ajedrez, pero con movimiento. Es súper activo y al mismo tiempo vas jugando con tu cabeza, es un reto que te dan ganas de seguir. No es solo pegarle a la pelota con un palo, sino que es saber de la cancha, conocer tus habilidades y como te expresas.

Mi vida en el golf ha sido sencillamente increíble. Es el sueño hecho realidad.