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La hinchada rara vez se equivoca
Nueva columna de Desirée Soulodre
(09 de diciembre de 2019)
Foto por: Golf Channel

Tuve la suerte de ver en segunda fila la gran llegada de Patrick Reed y Rickie Fowler al hoyo 18 para la final del Masters del 2018.  El rededor del green estaba repleto, muchas personas mirando y vitoreando, principalmente, a Rickie. Todos quería que Fowler ganara, aunque parecía difícil. Si la definición hubiera sido por los aplausos, Rickie arrasa, y Reed lejos en un segundo lugar.

En ese momento no entendí lo que estaba sucediendo, la hinchada claramente tenía un favorito y no era el campeón. A Rickie todo el mundo lo quiere y lo admira por su corrección al jugar y fair play, lo que no necesariamente sucede con Reed. Patrick tiene una historia de mal comportamiento, digámoslo con todas sus letras, de trampa y este fin de semana nuevamente quedó en evidencia.

Para los que no supieron, en un waste bunker, donde su pelota quedo en una huella, después de darse muchas vueltas, antes de pegarle y en dos ocasiones movió arena y mejoró el “lie” de la pelota quebrantando la regla 8.1, por lo que recibió una sanción de dos palos de castigo. Justo los dos golpes para quedar en tercer lugar después de Henrik Stenson y Ram. Lo más lamentable es que Patrick no reconoció su error y le echó la culpa a las tomas de la cámara que lo estaba enfocando. Hoy ya salieron las primeras voces que lo apuntan como tramposo, y seguramente seguirán apareciendo, lo que no le hará para nada agradable este fin de semana en el Royal Melbourne.

Personalmente, pienso que un actuar así justifica una pena mayor. Patrick Reed es hace muchos años jugador de golf, ha ganado muchos torneos, entre ellos el Masters de Augusta, ha representado a su país en múltiples oportunidades, en fin, el Currículum le sobra y sabe muy bien lo que hace, y lo que se vio en Bahamas no fue un accidente, fue una trampa.

Ahora entiendo el sentimiento de la hinchada, y por qué no lo aplaudió a rabiar cuando ganó en Augusta el 2018. El Golf es un juego de caballeros, y difícilmente el público va a perdonar o tenerle algo de simpatía a un tramposo.

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