Estos dos últimos fines de semana los he disfrutado mucho al ver jugar a Joaquín relajado, tranquilo, se notaba que estaba gozando de las canchas y de cada tiro que daba. Su caminar pausado, verlo meter putts largos, y que al final del día eso se tradujera en buenos scores. Se nota que los últimos ajustes en su swing y en su putt, fueron muy acertados, llegaron en el momento preciso y dieron los frutos que se esperaban.
Me acordé de la Roja, ya que después de un año de verlos jugar mal, frente a Japón hicieron el partido de sus vidas, donde al igual que Joaco, disfrutaron del match, hicieron un gran despliegue, unos pases increíbles, y muchos goles.
En ambos casos, el denominador común, es que no había esa ansiedad que mata al deportista, que no lo deja hacer lo que sabe, que lo presiona, lo estresa y al final, no lo deja mostrar lo que sabe o lo que puede hacer. Esta ansiedad, no solo es autogenerada, sino que desde afuera también los opinólogos contribuyen a aumentarla.
Si había algunos que declaraban que el PGA Tour a Joaco le quedaba grande y que debería haber optado por Tours menos competitivos, les digo que estaban absolutamente equivocados. Los que nunca perdimos la fe en él, sabíamos que era solo cuestión de tiempo. Como una vez me dijo una profesora del Jardín Infantil de mis niños, “la madurez tarda, pero al final todas las manzanas se ponen rojas”.
Hoy es muy fácil ser General después de la batalla, lo difícil es apoyar a alguien en las buenas y en las malas. Ya lo he dicho antes, Joaquín es de otro planeta, está jugando en el mejor y más competitivo Tour del mundo, y estoy segura que lo veremos ganar, no sólo una sino que varias veces en el PGA.
Tus triunfos no son una casualidad, son el resultado de una combinación entre esfuerzo, trabajo, práctica, paciencia, tuyo, de tu equipo y de tu familia, y por supuesto, coronado con una gran dosis de talento. Sigue así, porque te queda mucho por recorrer y ganar, y nosotros, tus fans estaremos aquí para celebrarlos.